jue. Sep 19th, 2019

La crónica atraviesa su mejor momento

Por Franklyn Molano Gaona

Charla con Darío Jaramillo Agudelo, compilador de la Antología de crónica
latinoamericana actual

Luego de leer más de 1.000 crónicas y seleccionar por espacio de año y seis meses el
mejor material, el poeta Darío Jaramillo Agudelo cuenta en este diálogo pormenores
vitales de cómo armó esta Antología, libro que hoy circula a lo largo del continente.

 

¿Por qué un poeta interesado en la crónica?

El punto de partida de esta antología es mi pasión lectora. Desde hace muchos
años leo crónicas, me gusta y me parece que es un género muy importante, en el que por
lo menos hay una intención estética en el uso de las palabras y eso se aprecia en algunos
cronistas que lo hacen así.
Con esa experiencia mía como lector, la cual abarca desde Carlos Monsiváis
(Días de guardar, México 1970 y A ustedes les consta. Antología de la crónica en
México, México, 1978), Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco, 1971), Tomás
Eloy Martínez (Lugar común la muerte. Colección de relatos. 1979) y Gabriel García
Márquez, me di cuenta que había una especie de auge de la crónica, caracterizado por la
existencia de revistas dedicadas a este género, como por ejemplo: El Malpensante, Soho
y Gatopardo.
En ese punto, un editor me encargó a finales del año 2008 y a principios del
2009 que hiciera la Antología de la crónica latinoamericana actual. Yo me dediqué a
hacer un barrido. Leí más de 1.000 crónicas para llegar a una selección. La editorial
Alfaguara fue la que publicó el libro, y este año (2012) lo presentó en España en el mes
de febrero, en Colombia en abril, en Argentina en mayo y creo que en julio será la
edición para México.

En ese barrido, ¿qué temas centrales encontró?

Hay varias cosas: un cambio de paradigma. Ya no interesa la noticia sino las
historias insólitas que puedan atrapar al lector. El otro paradigma es que la crónica no
puede ser aburrida. Los temas son los submundos, lo marginal, la pobreza, las tribus
urbanas, la prostitución infantil y la trata de personas, con trabajos como los que ha
hecho la escritora mexicana Lydia Cacho. Por otro lado, se retratan los grandes ritos:
conciertos, carnavales, los partidos de fútbol y de béisbol, las grandes manifestaciones
sociales. Y un tercer tema, con el perfil, que es ese retrato de los personajes que se
consideran atractivos.
En cierto momento, Martín Caparrós, cronista argentino, señaló que el arte de la
crónica consiste en que la gente se interese por temas que los demás no se interesarían,
y esa es la magia que tiene un cronista.

Hábleme un poco del origen de la crónica. Dicen que proviene de España, otros hablan
que es caribeña, ¿Cúal es su mirada?

Nace de varias partes. Primero, hay una tradición en castellano de los cronistas
de Indias. De otro lado, están los cuadros costumbristas del Romanticismo. Están las
cronistas de autores modernistas. Está el periodismo social de los años 30. Está el boom
de la literatura  latinoamericana, principalmente con García Márquez y de otros, como
el mexicano Carlos Fuentes, fallecido un mes atrás.

Otra vertiente, es el surgimiento en los Estados Unidos, donde hay grandes
cronistas como: Norman Mailer (1923-207) y Truman  Capote (A sangre fría), y otros
como Gay Talase (Frank Sinatra está resfriado). Ellos alimentaron la crónica actual.
En Europa, está la obra del polaco Ryszard Kapuscinski (El Emperador, Ébano,
La guerra del fútbol, Un días más con vida), quien tuvo mucho que ver con el auge de
la crónica latinoamericana. De tal manera, la crónica se alimenta de muchas partes y
asume muchas tradiciones, para finalmente consolidar un género, que despunta con
autores que nacen después de 1950.
Las cabezas que hoy se destacan son: el argentino Martín Caparrós, (El interior,
Contra el cambio), el mexicano Juan Villoro (Tiempo transcurrido), la argentina Laila
Guerriero (Los suicidas del fin del mundo), el peruano Julio Villanueva Chang (Elogios
criminales y Mariposas y murciélagos) y en Colombia, el más importante para mí, el
barranquillero, Alberto Salcedo Ramos (La eterna parranda).

Usted me dice que tiene una relación con la lectura de crónicas desde muy joven, en ese
recorrido nacional, ¿qué autores de este género lo  seducen?

En Colombia, los cuadros de costumbres, entre ellos: Vergara y Vergara, Emilio
Casas y Tomas Carrasquilla. Luego en los años 20, está Luis Tejada, interesado en
captar la realidad inmediata. Más adelante Ximénex y Felipe González Toledo, que son
de la prensa bogotana. Luego de adolescente leí a los clásicos: La noche de Tlatelolco  y
Días de guardar.
En Colombia, en los años 70, aparecen Colombia Amarga de Germán Castro
Caicedo, y luego viene Perdido en el Amazonas, que ya son clásicos. En otros países
suceden fenómenos paralelos. En Argentina está Tomas Eloy Martínez, Roberto Arlt
(Aguafuertes), Ricardo Piglia (Plata quemada) y Rodolfo  Walsh (Operación masacre).
En Puerto Rico está Luis Rafael Sánchez, famoso por la novela La guaracha del Macho
Camacho, que también es un gran cronista y en éste mismo país hay una mujer, Ana
Lydia Vega.

¿La crónica está relacionada con el humor?

Es uno de los ingredientes, pero muchas veces las historias que se cuentan son
tan trágicas, que no dan lugar al humor, como si hay textos que son muy hilarantes.
También se señala que la crónica está desgastada, que solo, como usted dice, está en
revistas ¿usted qué considera?
Está en pleno auge y se ha salido de madre.  En el Salvador hay un diario virtual
que se llama El Faro donde han surgido los cronistas más importantes de este país. En
éste mismo lugar, la prensa diaria publica cada semana un suplemento dedicado a la
crónica.
Pero mirando medios más contemporáneos, la red es una fuente de crónica. Cada
vez se encuentran excelentes cronistas que solo publican en la web.  En la red la cosa va
por nichos, entonces la gente sabe dónde está la fuente. Cada vez hay más y se produce
mejor crónica en la red.

Luego de largas horas de lectura, ¿cual es para usted su definición de crónica?

La que más me gusta repetir es una de García Márquez, que es muy definitoria:
la crónica es un cuento que es verdad. Hay otras: Villoro dice que es literatura bajo
presión. Mario Jursich, director de El malpensate dice, que es un género que tiene un
pie en la ficción y otro en la notaria.

¿Cómo fue su metodología y la rutina de trabajo?

Aspiraba a producir un libro para llevar a una isla desierta con crónicas muy
entretenidas y eso lo logré. Al final me queda la sensación de que el género va tan bien
que la cantidad de crónicas escogidas no caben en un libro, caben en varios libros, es
decir queda abierta la ventana para seguir haciendo selecciones. Estamos en un
momento glorioso del género.

¿Luego de este trabajo, usted a qué está dedicado?

Yo no hago nada. Básicamente nada. Estoy dedicado a la vagancia. En mis retos
libres escribo versos o hago antologías, pero lo principal, es hacer nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *