dom. Jul 21st, 2019

‘El amor en tiempos de guerra’

Por María Victoria Gómez

“Luchamos por lo que creemos justo, no importa que
a la luz de otros apenas seamos anarquistas o bandidos.
No importa.
La historia se encargará de proferir la última palabra”

 

Rigoberto Gil Montoya

 

Al recordar los hechos más importantes de la historia de nuestro país, es inevitable devolverse a aquel 6 de noviembre de 1985, un día que la mayoría recuerda oscuro y tal vez como el peor día de sus vidas. Así mismo, se encuentra una gran historia detrás de estos hechos que los noticieros minimizan a números y estadísticas; a víctimas, victimarios y héroes. Pintan la historia como más conviene a la publicidad y dejan de lado una realidad tan vital para reconstruir una cultura que por décadas ha sido atropellada por las atroces problemáticas sociales, de un país que apenas se entera que está jodido.

En este punto, toma relevancia el escritor, como un recreador de los hechos, como alguien que, encontrándose entre la ficción y una realidad que no es grata para nadie, tiene la posibilidad de crear una historia detallando cuanto considere necesario ese panorama tan envilecido, que al mismo tiempo pide a gritos ser narrado. Porque así llegan las historias, de golpe y devorando a aquel que debe escribirlas. El artista no busca, no pasa los días preocupado por encontrar algo que contar. En el momento justo, esto se encargará de aparecer. Así le pasó a Rigoberto Gil, que se encontró con está historia estando muy joven y terminó siendo su primera novela publicada 7 años después de los hechos. Una novela que describe los antecedentes de los hechos, que entrelaza la vida de varios de sus personajes para darnos un mensaje muy claro, la cotidianidad no se desprende de aquellos que defienden sus ideales por encima de su propia vida.

Como el mismo título lo dice; El laberinto de las secretas angustias, es todo un enigma por resolver, con un montón de pistas que se dejan sutilmente capítulo tras capítulo, como grietas a través de las cuales, podemos espiar una realidad que nos fue ocultada, y unos personajes con los que probablemente (y por desgracia) nunca nos encontraremos.

El lector se encuentra con una variedad de estilos narrativos que diversifican la obra, la hacen más entretenida. Ya sea por la sensación laberíntica que da el saltar de una historia a otra, o por los trozos incompletos de los personajes, que se deben recoger para armar un rompecabezas y construir una visión completa, a profundidad de cada elemento que aparece en la obra.

El juego entre las voces desarma la historia con el objetivo de que el lector pueda conectarse con cada personaje, porque no hay una visión única de estos, todo se establece a partir de una relación entre cada elemento, una armonía que fluye y se apega al lado emocional del lector. Cada personaje es un ser muy complejo, digno de observación, si bien están cubiertos por la bandera de una ideología, aquí nos encontramos con su rutina, con sus miedos, sus apegos… Su ser desnudo ante ojos que pueden juzgarlos o pueden entenderlos.

La descripción del palacio de justicia como un laberinto, es un guiño al lector y a los personajes, es saber de antemano que allí se encuentra su condena, desde el proceso de inteligencia (espionaje) hasta el punto de la toma, está idea laberíntica y acartonada acerca del recinto, va marcando un ambiente lúgubre y asfixiante, ideal para acompañar el estado de los personajes y marcar un tiempo caótico dentro del contexto.

Las historias se van entrelazando hasta llegar a un único acontecimiento. Entre planos, estrategias, cartas, espías y reuniones se va completando un panorama que deja ver una historia de extraordinaria credibilidad sin dejar a un lado la cotidianidad y la realidad de un colectivo que ha sido por muchos ignorado, principalmente a la hora de establecer una visión objetiva, o por lo menos visibilizar la humanidad detrás de algunos grupos ideológicos que constantemente son omitidos.

Así, la carga ideológica de la obra está desarrollada, como se menciona en el párrafo anterior, a partir de un intento de visibilizar la humanidad que es arrancada por defender ciertas ideas, y con esto no me refiero a que sea una novela sobre la guerrilla, porque aunque está dentro de la historia, también se le da ese rasgo humano al paramilitarismo e incluso a la política gubernamental, dejando ver así, que sin importar de que lado se este, estas realidades deben ser contadas. Más en un hecho en el que siempre se está buscando quienes son los buenos y los malos, esta obra se desliga de este estigma, y nos muestra la historia de diversas personas que tenían posiciones diferentes y no por eso se deben encasillar en un lado o en otro.

A la hora de escribir una novela, siempre se piensa en un público específico, siento que es el mayor logro de la obra, que después de una investigación exhaustiva y una construcción de personajes tan compleja se logre una narrativa tan clara, que con información o sin ella puede ser entendida por cualquiera que se interese por el tema. Se encontrará con una obra precisa, intrigante, que gracias a la forma en que varía la construcción de cada capítulo; cartas, conversaciones íntimas, las voces que se manifiestan y modifican dependiendo
del contexto, entre otros elementos. Hacen que el lector se envuelva completamente en la historia y cree un vínculo con cada personaje que vuelve la experiencia lectora en algo agradable y enriquecedor, que nos da una perspectiva completamente diferente y humana, de los hechos ocurridos aquel 6 de noviembre.

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