Amor del 48, Una Historia Nuestra

Por: Andrés Murillo Foronda

Colombia lleva consigo una herida que no cura, una herida que arrastra sin medida a las generaciones que día tras día ha parido, con Gaitán moría una esperanza y se fecundaba una era de violencia que no acaba, que se transforma, muta en nuevos actores, lleva consigo  la sangre que no para de derramarse en las calles y bosques de esta patria nuestra, van 70 años en que se detonó la barbarie que hemos intentado parar en procesos de paz que sufren como su pueblo la embestida fiera de los padres ilustres de la patria.

Los mismos señores de traje y corbata que caminaron las calles capitalinas donde se vivió con fervor el partidismo político de mitad de siglo y que sin duda no ha muerto, solo ha cambiado de nombre y que a medias comprendemos, en esa Bogotá vive el recuerdo de una historia alterna, un paraje familiar que es contado con elocuencia y dulzura, por doña María Antonia Acosta, ella relata los sucesos propios del 9 de abril de 1948, como la ciudad se oscureció por el odio y desesperanza, a la 1:30 Jorge Eliecer Gaitán era asesinado, ella recuerda la turba de liberales armados y en busca de hombres a quien culpar, la radio llamaba a la revolución, la venganza y la toma del poder y Bogotá caía y con ella la nación.

Durante 36 seis horas se desangraban las calles capitalinas, Bogotá no volvería a ser la misma, los archivos fotográficos se asemejan a una Europa bombardeada pero esta vez desde adentro.

María Antonia, recuerda con lucidez esa época, el tiempo en que empezó amar, a hacerlo por única vez y como sufrió la incertidumbre de no ver aparecer al hombre que le robaba el sueño. Ese mismo hombre por que enfrentaría a su padre y por quien sería feliz. Le conoció un año antes y le amaría por treinta y cinco más, le dio dos hijos y fue feliz.

A sus 93 años María Antonia cuenta como vivió ese día y los siguientes, cuenta como se enamoró de Jorge Eduardo García, el papel heroico de este en la protección hotel Granada epicentro de las más prestigiosas reuniones de la época edificio para el que trabajaba, en las calles la turba destruía y robaba cuanto podía, morían unos aquí y otros allá, la cantidad de cuerpos en las calles era apocalíptica.

El archivo fotográfico encontrado en la biblioteca Luis Ángel Arango en que se recogen 5.000 fotografías tomadas por Sady Gonzáles, las mismas que muestran el diario vivir de es Colombia joven y convulsionada, en el fondo la voz dulce y enmarcada con el acento “rolo” de María acompañan el relato. El director tiene el tacto para seleccionar cuidadosamente las fotografías que rememoran el sentir de la gente, el desconcierto que se vivía y la deshumanización de las horas siguientes, a medida que el documental avanza el espectador se adentra en el sentir de la protagonista, que revive y continua su diario vivir en medio del relato.

Acompañada y en ocasiones sola, María Antonia recorre la casa mira alrededor buscando a alguien que se ha ido y por momentos ella con él, en el murmulencio es fácil enamorarse de ella y la forma en que se cuenta, instantes en los que habla de ese pasado, de sus expresiones, la sonrisa que se escapa en frases sueltas y muy suyas como, “Yo no quiero ser una solterona, si mi papá no me deja casar, yo me caso a escondidas” un amor que ella describe como una lucha, una discusión  política porque ese partidismo era serio para el pueblo, liberales y conservadores luchaban por el poder con vehemencia una mayor a la que vivimos; por momentos los archivos sonoros en los que la vos del caudillo son protagonista, en otros la radio de esa época hablan por ella, por si el olvido de la memoria deja escapar algo; las fotografías enmarcan el momento en la historia  y ella los embellece con azucarada voz.

La muerte en éxtasis, gritaba como el caudillo “a la carga” mientras los hombres se armaban de cuanto fuera posible, de todo aquello que causara la muerte al enemigo, en una nación que dependía de la radio para saber de sí misma María Antonia se entera del pasaje más difícil de su temprana historia de amor. En el hotel en el que estaba Jorge se preparaba un agasajo al caído, ahora era el objetivo de la chusma, termino de la creciente guerrilla que gritaba “viva la revolución” una que no llega que se difumina por el narcotráfico y la minería ilegal y un sinfín de actividades ilegales que arrebataron el ideal a costa de la sangre de miles de inocentes que reclaman un cambio en la vos de sus descendientes, nosotros.

Amor del 48, no solo es una magistral colección de imágenes históricas y una reunión de audios que muestran el origen de esta guerra absurda y bombardeada a cada instante. Este registro fílmico es corto sin la voz y el amor de María Antonia y Jorge, sin duda el trabajo realizado por Andrés Arias García es un respetuoso reconocimiento a la gallardía de sus antepasados, que con la historia de su familia arrebata el acartonamiento en que cayó la fecha por el aspecto político y usted entenderá el carácter humano, a través del amor de los bogotanos y de la Colombia de esa época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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